Dic 292011
 

Chrome me recuerda al Internet Explorer de la década pasada. Fácil, sencillo y para toda la familia. Conceptos muy bonitos para la vida real pero no para Internet.

Me explico. Es lo que yo llamo un navegador coladera, que traga con todo y eso es muy peligroso cuando hablamos de páginas web. Hace años tuve muchos problemas con troyanos que se metían en el ordenador (computadora) desde webs al navegar por temáticas delicadas. Esto es, pornografía, virus, troyanos, temas hacker, cracks, etc. Pero ahora la temática delicada es mucho más amplia, pues basta un mísero enlace en Google para llegar a ello y cubre muchísimos más ámbitos incluyendo algunos tan populares como los juegos online o los vídeos en streaming.

Hay que tener cuidado también porque aunque no lo digan dispone de una barra de Google integrada en el propio navegador informando así a Google de todas nuestras páginas visitadas, consultas realizadas, así como otros datos del propio ordenador (computadora) (política de privacidad en inglés). Coincide además (que casualidad) que ahora no se puede instalar la barra de Google en Firefox (aunque en realidad si se puede, instalando esta extensión y reiniciando antes de instalar la dichosa barra).

Como no todo van a ser puntos negativos Chrome ha aportado mucha frescura al mercado de los navegadores fomentando la competencia entre ellos. Así Internet Explorer o Firefox han tenido que ponerse las pilas.

Algunas de estas novedades son la posibilidad de crear enlaces en el sistema operativo a modo de acceso directo a una página web determinada; situación que aprovechan muchos troyanos y virus para crear enlaces a publicidad o páginas maliciosas en nuestra computadora.

A veces el concepto de Google está muy influenciado por Apple tomando (para mi gusto) al usuario y a los otros desarrolladores de paso, por tontos. Por ejemplo, como que se actualice sólo, que vaya en la versión 16 en poco más de cuatro años de desarrollo y otros detalles como que traduzca las páginas extranjeras de forma automática sin casi avisar al usuario.

En varias de estas cosas Firefox ha copiado a Chrome, por ejemplo el diseño con pestañas arriba de todo como predeterminado o el modo de actualizaciones rápidas cada dos o tres meses como máximo, siendo para mí un error.

El otro punto débil de Chrome, aunque cada vez mejora, es el de los plugins, complementos o extensiones, disponiendo de una menor cantidad que en Firefox y estando algunos limitados.

Así, la extensión más usada en ambos casos es Adblock Plus para bloquear la publicidad, que tardó muchísimo en llegar a Chrome (había Adblock ‘a secas’, no tan completo) y además aún se encuentra algo más limitado que en Firefox pues no permite bloquear una página entera y resulta más lioso a la hora de añadir las listas y filtros de publicidad.

Y también muy importante, no disponemos de la extensión Noscript que bloquea las páginas con código en Flash, Javascript u otros lenguajes que permitirían a una supuesta web maliciosa acceder a nuestro ordenador (computadora) o inyectarnos código, troyanos, etc.

Aunque es verdad que existen alternativas para Chrome bastante válidas como ScriptNo y NotScript.

Desde que uso Firefox con Noscript no he tenido un problema más de infecciones, troyanos o virus y son casi 10 años navegando diariamente y semi profesionalmente los últimos cuatro.

Así que os recomiendo navegar con bloqueador de JavaScript activado y sólo darle permiso a las páginas en las que confío. Puede resultar incómodo para el usuario de ‘a pie’ que sólo usa sus cuatro páginas típicas, pero que lance la primera piedra el que no busca algo en Google o hace clic en un enlace de Facebook. Sumándole el ser usuario de Windows igual a infección al canto.

Aunque, en general, creo que Chrome ha aportado mucha vida, salsa y frescura al mercado de los navegadores, adolece de cierta prepotencia e imposición ante terceras empresas que desarrollan para su plataforma, pero les tocará muchas veces, afortunadamente, reconocer y dar marcha atrás ante la presión de los usuarios, como Facebook ha tenido que hacer en repetidas ocasiones.

Usad el navegador que más os guste pero estáis en vuestro derecho de exigir transparencia, seguridad y, por qué no, poder modificarlo a vuestro antojo, adaptándolo a vuestras necesidades. Que para eso pagamos (con datos claro).

PS. Si os gustan los navegadores muy automatizados o minimalistas tipo Chrome, os recomiendo probar Maxthon.

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