Aunque no hablo de ello habitualmente, soy enfermero. Es por eso que le quería dedicar una entrada a la primera gran teórica de enfermería pues sin ella es muy probable que nuestra profesión no sería igual.

Este año se produce el centenario (es lo de menos) de la muerte de esta señora que luchó contra los poderes establecidos para lograr una gran dignidad y elevar a rango de ciencia la enfermería.
Nacida en el seno de la familia inglesa acomodada nadie veía con buenos ojos que quisiera trabajar. Estudió a los griegos clásicos y tenía un nivel alto de matemáticas. Por suerte o por desgracia una enfermedad la incapacitó para trabajar por lo que dedicó toda su vida a la teoría y estudios estadísticos.
Fue la primera en programar una enseñanza reglada de monjas enfermeras; escribió más de 20 tratados y un puñado de estudios estadísticos.
Junto con Virginia Henderson son los dos grandes pilares de la enfermería.
Tiene muchísimo mérito que a finales del siglo XIX impusiera su constancia y lucha contra una sociedad donde se veía mal la enseñanza de la profesión a una mujer.
Junto con su insistencia en aprender a enseñar, en teorizar la práctica así como relacionar las variables de higiene, pobreza y salud hacen de ella una gran teórica.
Estudió el impacto de la vacuna de la viruela, relacionó y estableció tasas de muerte aceptable y cómo reducirlas.
Donde más destacó fue en el análisis estadístico siendo pionera y hasta revolucionaria al asociar fenómenos sociales a los índices de mortalidad (recordad que el lavado de manos lo ‘inventó’ Ignacio Felipe Semmelweis en 1865).
Como colofón un par de citas de Florence Nightingale:
Una vez que la enfermera ha aprendido aprender el proceso continúa más allá de la escuela.
A menos que avancemos cada año, cada mes, cada semana, estaremos retrocediendo. Ningún sistema debe mantenerse si no progresa.
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